Producción in vitro embriones bovinos (PIV)

Producción in vitro embriones bovinos (PIV)

El ciclo reproductivo natural en el bovino conduce al nacimiento de una cría por año en el mejor de los casos. Es por ello, que para mejorar la eficiencia reproductiva de los animales se utilizan técnicas de reproducción asistida (TRA) (Plourdea et al., 2012).

En la última década estos procedimientos han cobrado una importancia creciente en la industria ganadera y alimentaria, ya que favorece la obtención de crías con mejores condiciones genéticas (Gonçalves et al., 2001; Camargo et al., 2006; Rodríguez-Martinez, 2012), que se traduce en una mejor salud del animal y mayor calidad del producto final.

La producción de embriones in vitro (PIV) supone la realización de distintas TRA que difieren entre laboratorios y especies, y básicamente comprende los siguientes pasos: obtención y maduración in vitro (MIV) de los gametos femeninos (ovocitos), preparación y capacitación de los gametos masculinos (espermatozoides), proceso de fecundación in vitro (FIV) en sí mismo ya sea mediante el cocultivo de los gametos o la microinyección asistida de un espermatozoide en el interior del ovocito, cultivo embrionario (CE) para que los cigotos alcancen el estadio de desarrollo deseado, generalmente el de blastocisto.

La transferencia de embriones que denominamos “in vivo” (ET) se refiere a la tecnología, ya clásica, desarrollada ya hace más de tres décadas, que consiste en el tratamiento de superovulación de una vaca donante, con el objeto de que ovule no sólo uno o dos ovocitos, como lo hace de manera fisiológica, sino hasta 10-15 veces más. Posteriormente, se insemina la vaca y 7 días más tarde se extraen los embriones de 7 días (en estadio de mórula o blastocisto).

Por eso se denominan embriones “in vivo”, ya que están en la vaca donante durante todo el tiempo, hasta su recuperación, momento en el que se transfieren inmediatamente a una receptora (transferencia en fresco), para que continué su gestación hasta el parto, o bien se congelan y conservan, hasta otro momento de transferencia (transferencia post-descongelación).

En definitiva se considera que esta técnica, cuya difusión y aplicación fue aumentando hasta finales de la década de los 90, se ha estabilizado en Europa desde el comienzo del último siglo. Entre 1999 y 2009, en España se han realizado una media anual de 477 superovulaciones, con 2.300 embriones “in vivo”.

En 2010 en Europa se lavaron 17.855 donantes, con un total de 119.342 embriones transferibles.

Este estancamiento se debe en parte a que, a pesar de que se han invertido y se siguen invirtiendo muchos esfuerzos en la mejora de cada uno de sus pasos (elección de donantes, sincronización y superovulación, técnica de flushing o lavado, valoración de los embriones, elección y sincronización de receptoras, evaluación de las mismas y técnica de transferencia), los porcentajes de mejora en los resultados son ya muy escasos.

Hasta 2010, el rendimiento se encontraba estabilizado en torno a 4,8 embriones transferibles en la especie bovina, y problemas como la existencia de hembras que no responden a los tratamientos para inducir superovulación, la necesidad de respetar periodos de descanso entre dos recogidas consecutivas y la obligatoriedad de que las donantes estén en perfectas condiciones ginecológicas, impiden una mejora sustancial de los resultados de la ET, respecto a la actualidad (Herradón et al., 2007).

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